Voto 201814.12.2017
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AMLO al gobierno, Zedillo al poder
Por Andrés Wainstein
Los tentáculos del ex mandatario acaparan espacios en los dos proyectos que antagonizan. Nunca mejor dicho: los huevos se ponen en varias canastas.

Como si fuera un déjà vu, el destape del eventual Gabinete de Andrés Manuel López Obrador deja un profundo aroma a Ernesto Zedillo, acaso la verdadera constante del sistema. Nombres muy emparentados al ex presidente quedaron postulados para secretarías clave. Hay un hilo conductor entre Morena y José Antonio Meade, después de todo.


En estas mismas líneas se escribió acerca de la rotunda victoria de esa "nueva" generación tecnócrata que desplazó a la "vieja guardia" del PRI, tomando el control ya no sólo de la economía sino también de la política. Un triunfo que se germinó hace más de dos décadas, cuando Zedillo empezó a cultivar un poder transexenal de gran escala.

Por estas horas, esa misma lectura luce perfectamente aplicable para la construcción del proyecto presidencial de López Obrador, el candidato que viene para antagonizar con el sistema. O al menos con un sector del sistema.

Veamos. Quizás uno de los hechos más simbólicos de la transformación zedillista fue la reforma constitucional de 1994 para modificar la composición de la Suprema Corte. Una apuesta audaz, que le garantizó al presidente saliente una larga presencia en el máximo tribunal de México.

Con la reforma, la Corte pasó de 26 integrantes a tan sólo 11. Pero más allá del debate académico sobre los impactos en su funcionamiento, una mirada cínica -¿hay otra forma de leer las grandes jugadas políticas?- muestra que el todavía mandatario no sólo barrería con los jueces designados por el salinismo sino que además dejaría a un grupo de magistrados cercanos que permanecerían hasta 20 años para garantizar así una renovación escalonada. La traza de un México neoliberal tenía sus propias garantías jurídicas.

Hoy, más de dos décadas después, una de esas juezas promovidas desde Los Pinos se anotó como posible Secretaria de Gobernación en el eventual Gabinete de López Obrador. Un mensaje imposible de desatender, que por otra parte no es aislado: Esteban Moctezuma -otro zedillista de vínculos estrechos con TV Azteca de Ricardo Salinas Pliego- fue promovido para la Secretaría de Educación.

¿Alguien se preguntó por qué la "mafia del poder" comienza con Carlos Salinas -el jefe, según el líder tabasqueño- y continúa con Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto? ¿No falta un sexenio en esa cadena de acusaciones?

López Obrador decidió compensar, como buen líder político, al darle las carteras económicas a la tribu de "Los Históricos", pero sólo después de sondear a Santiago Levy, un prestigioso economista -vice del BID- también con profundos lazos con el zedillismo. ¿Más claro?

No son pocos los caciques del PRI que alimentan el mito de un pacto entre "El Peje" y el Gobierno Federal en 1994 para fundamentar las denuncias por rebase de tope de campaña contra Roberto Madrazo en Tabasco, acaso la semilla de la rebelión contra la nominación de Francisco Labastida.

Hay una constante en México. Y aunque se trate de un elemento silencioso, sutil, esquivo al brillo de los reflectores, cuando se afina un poco la vista puede hacerse foco en su silueta, sobre todo en esta contienda del sistema contra el anti-sistema. Paradójico, pero comprensible: Zedillo ya puso sus huevos en ambas canastas.

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